martes, 13 de diciembre de 2011

VOLVER A JUGAR CON AGUA


Modelo para la recreación

Cuando los adalides del modelo-mundo, encontraron que el agua estaba en peligro, empezaron a hacer llamados reiterados acerca de su preservación. El mensaje fue aparentemente contundente: reducir su consumo y proteger las fuentes hídricas para explotarlas mejor; y a pesar que se repite constantemente, no ha calado más allá de la sensiblería popular y ha servido para alentar nuevos expansionismos y colonialismos. En entre ese dechado de consignas para “salvar al planeta”, a veces mediáticas, otras institucionales, hay una que hace eco especial en nuestra región: prohibir los juegos con agua. En consecuencia, se trata de evitar que en Pasto, así como en otros territorios del departamento de Nariño, se juegue con agua en día de inocentes (28 de diciembre) como un preámbulo a la celebración lúdica del carnaval, creando un ambiente hostil hacia ese juego. Quienes la sostienen argumentan que se desperdicia tontamente el recurso hídrico y constituye una costumbre inaceptable jugar con agua en la actualidad.
 
CONVENIO 020
Agua para jugar

La presente propuesta parte de la premisa que las prácticas cotidianas son más antiecológicas que jugar con agua el 28 de diciembre y que el desperdicio que supuestamente se hace, es tan solo aparente;  que no es atacando esa práctica, sino creando una cultura ciudadana de manejo adecuado de los recursos hídricos, se puede mantener vivo nuestro entorno ecosófico, y que parte de esa cultura puede tener un origen precisamente en medio del juego con agua

¿Por qué jugar con agua?

Dar el agua  para recibir la vida.

Si el agua, como todos lo sabemos, es vida porque sostiene toda la realidad planetaria dando vueltas al mundo (ciclo del agua), jugar con agua es jugar con la vida. Lanzar agua a otro ser humano es, en este sentido, regalar, obsequiar vida, compartir vida, la vida. La misma agua que se utiliza en otros menesteres vitales (cocinar, lavarse, regar cultivos) o suntuarios (lavar autos, fachadas) sirve para hacerle darle un vuelco efímero a la existencia; después se evaporará y volverá a caer a la tierra gracias a su maravilloso ciclo, a su viaje por todo el mundo.

Jugar con agua en época de fiestas en Pasto posee connotaciones profundas a las que el pastuso se ha aferrado,  aunque haya quienes declaren su impertinencia.

El juego y lo sagrado.

El juego es una de las prácticas más importantes de la vida, no sólo humana, pues otras especies y formas de vida juegan con los mismos propósitos: la distracción, el aprendizaje, la sociabilidad. Participando de la diversión se realiza un reforzamiento civilizatorio, hay aprendizaje, se armoniza a los individuos en el todo social y a través del humor, el desparpajo y la competencia logra su acercamiento al ser colectivo. Jugando se transgreden los límites que aíslan a las personas, se liberan las cargas que la sociedad  impone, se burlan las reglas y se posibilita la válvula de escape que el mundo necesita en el ciclo vital. La visión del mundo al revés  se reimprime en el juego; por ello es parte esencial de las fiestas colectivas y carnavales. El juego es el momento social que más acerca está de lo sagrado.

En lo que a San Juan de Pasto respecta, la época de carnavales es espacio de juego, a lo largo de los años es el aspecto más destacado, aún por encima de las expresiones artísticas cambiantes.  El juego es reconstrucción social, y posibilidad de convivencia en un tiempo hostil y por lo tanto el juego es lo sagrado.

¿Cómo nace una tradición, y en especial la del juego con agua?

Una costumbre, desde luego, no puede venir desde el inicio de los tiempos sin más, nace en alguna parte, como los mismos carnavales, que, si seguimos las doctrinas oficiales, ni siquiera deberían llamarse carnavales, por lo foráneo del término y, porque ocurren fuera de la época de carnavales en el mundo[1].

La historiadora local Lidia Inés Muñoz, directora de la academia de Historia de Nariño, afirma que el juego con agua nació en la primera mitad del siglo XX como una manifestación de protesta contra la elección de una reina para el tiempo de carnaval. Según la historiadora, eso demuestra que el juego con agua no es propio de los pastusos, ni pertenece a su tradición.

¿Por qué esa costumbre alcanzó tanto arraigo dentro de los pobladores nariñenses, y en nuestro caso particular, los pastusos?

El episodio referido por la historiadora citada demuestra que el juego con agua tiene un origen social, que se arraiga por virtud de un significado colectivo; y lo que empieza como un acto de protesta, con los años, y la repetición periódica se torna en un acto lúdico como tal.
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El juego con agua en Pasto, con esa génesis, y asociado al juego que se hace en el Ecuador, se difundió por el departamento de Nariño y sin hacer mayor caso de sus orígenes históricos, presenta un momento de integración significativo. Mojar al vecino, en ese preciso momento no es afrenta, pues, como juego de carnaval, cuenta con el permiso de trastocar las normas de la cotidianidad. Así mismo utilizar el agua como elemento de juego implica necesariamente desperdicio, y más bien es un ser propiciador del vínculo social.

Por los primeros años de la década de los noventa del siglo pasado, cuando el fenómeno del Niño arreció y causo un desabastecimiento de agua de gran magnitud las autoridades plantearon que el juego se prohibiera. Pero el juego en la ciudad de Pasto se mantuvo, aún cuando se advierte que hacerlo acarrea duras consecuencias pecuniarias.

Así que cada 28 de diciembre se puede ver como grupos de personas en las calles y las casas se arman de baldes y globos llenos de agua para jugar con cualquiera. La alegría del juego se impone sobre el temor a las multas, u otros procedimientos de las autoridades.


Discusión sobre la pertinencia del juego.

Las autoridades, medios, grupos y particulares que promueven la prohibición del uso de agua para jugar argumentando el aumento de su consumo, pasan por alto el incremento que se da por virtud de todo el juego en carnaval. Si se considera la población de Pasto, más turistas, más comerciantes, más el pie de fuerza de la policía. Se consume más agua de lo normal porque las personas que asean su cuerpo aumentan, se lava más ropa, se lavan fachadas, automóviles. En ese orden de ideas, para evitar el desperdicio de agua, deberían prohibirse todos los juegos en carnaval. Pero de ninguna manera no se puede ir en contra del juego en carnaval, ya que es él el elemento social que hace sobresalir la fiesta más grande de nuestra ciudad. Y en ese sentido se propone que ese aprecio por el juego se dé también al juego con el agua que, posiblemente, es foráneo, igual que el Carnaval,  tal como el idioma que utilizamos: es nuestro español, y eso no nos desautoriza para utilizarlo[2].
Igual que pasa con todo: cada región le da su propio ser a una costumbre, a un juego, a una celebración. No son iguales los carnavales de Venecia a los de Río, ni los de Barranquilla a los de Pasto, así como el juego con agua en Ecuador-de donde se supone nos viene la costumbre según algunos teóricos culturales- no es igual a nuestro juego con agua.

Jugar con agua posee muchas implicaciones desconocidas a nivel consciente, pero importantes en el devenir del ser pastuso. Jugar con agua es, en primer lugar, motivo de alegría por la charada que implica mojar a un transeúnte desprevenido, a sabiendas que uno puede ser víctima de su propia acción. Toda interpretación más allá de esta sencilla asociación es una elucubración que ahonda más allá de lo visible y que, en estricto sentido, no es percibida pero importa en el juego.

Cuando inició este proyecto la propuesta se enmarcaba dentro del presupuesto de que el juego con agua, así como todo juego en carnaval, debe verse como parte del ser pastuso. No

erradicarlo sino fortalecerlo y mediante su incentivo propiciar un escenario para sensibilizar a la gente en el cuidado y respeto  hacia el agua.  Jugar con agua en una época en la que la superpoblación y el modelo del mundo amenazan con arrasar las fuentes hídricas puede significar aferrarse a la conservación del agua, aprender a limpiarla y no ensuciarla.

El 28 de diciembre de 2008 la Empresa de Obras Sanitarias de Pasto, EMPOPASTO, responsable de administrar el agua para abastecer la ciudad dio vía libre para usar el agua en el juego y se demostró que jugar es una magnífica terapia para los pobladores afligidos por el transcurrir de la vida.[3]  Jugar le permitió a los habitantes de Pasto aliviar sus desgracias y enfrentar el mundo con nuevos ojos: refulgentes, vivos; pudieron pensar de nuevo en la prosperidad. Aliviaron sus penas, sufrimientos, provocando sonrisas compartieron el agua sin pensar en desperdiciarla.  Se demostró también que mediante el juego se llega al corazón y a la conciencia de los pastusos y se puede reedificar la relación con el agua para sanar la ruptura que existe entre el consumo del agua y su cuidado. El juego debe permitir sacarla del circulo del consumo hacia un momento es donde se la sienta viva, fuera de las tuberías, cerca de todos.




[1] , martes antes del miércoles de ceniza
[2] No hay un patrón absoluto, es imposible preferir una modalidad a otra. Cada región tiene la suya, por motivos muy complicados de su historia, su geografía, su sangre, sus mitos y su paisaje. No hay una «lengua general». Ese es uno de los tantos cuentos que nos infirió una mentalidad racionalista. El único idioma general y universal es el de las matemáticas, porque se refiere a entes lógicos y helados, no a seres humanos calientes y contradictorios. SABATO, Ernesto. Leerasabato.com
[3] En los meses de octubre y noviembre, empresas que captaban dinero de manera ilegal de buena parte de los habitantes de la Ciudad se vinieron a pique de un momento a otro, cerraron o desaparecieron.  Las autoridades intervinieron, pero el dinero de quienes habían confiado en las mencionadas empresas desapareció, o fue decomisado dejando a la región en una profunda crisis.

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